Posts Tagged ‘ fotoperiodismo ’

Corriendo por lo público….Media Maratón Ciudad de Murcia 2011

Un grupo de ciudadanos y ciudadanas de la Región de Murcia aficionados al atletismo y preocupados por los recortes que el gobierno regional está imponiendo al conjunto de empleadas/os públicos de la región y a los mismos servicios que éstos garantizan -entre otros el llamado “Tijeretazo”-, decidieron combinar su pasión por el atletismo con su preocupación por los servicios públicos, por lo q decidieron organizar un equipo “amateur” de atletas de medio fondo, autodenominado “Corremos por lo Público”, con el que han participado en la MEDIA MARATON CIUDAD DE MURCIA, el día 13 de Marzo de 2011.

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Stefan, de Bulgaria…..busca trabajo.

¿ Me puedes hacer una foto? Claro, sin problemas….

Así conocí a Stefan, de Bulgaria, que vino a España a trabajar, a mejorar su vida y la de los suyos. Tiene familia, dos hijos y una esposa. Una de las hijas, de tres años, estaba enferma cuando hablé con él, y necesitaba antibióticos. Tenía la receta y esperaba acabar su jornada pidiendo limosna en la puerta de Cáritas, en la Plaza del Cardenal Belluga, para ir a comprarla. Viven en el Barrio de Santa Eulalia, en el centro de Murcia, en una casa que comparten con otra familia.

Stefan, trabajó cuidando ganado en Alcantarilla, sin contrato, como muchos; lo dejaron en la calle sin pagarle el sueldo de varios meses y ahora ocupa “un puesto” en la Plaza de Belluga..

No es la aspiración de Stefan quedarse para siempre en ese puesto, quiere que sus hijos salgan adelante, como todos nosotros, como cualquiera, y por eso me pidió que junto con su foto pusiera su teléfono : 699039803.

Stefan busca trabajo. Sabe que es complicado, pero lo intenta y por esa razón me pidió la foto, publícala, donde sea…y aquí está.

Si sabeís de algo, lo que sea…..llamarlo. También lo podeís encontrar en su “puesto” …todos los días..

Cinco fotos y una guerra, por Ramón Lobo

Robert Capa: si tu foto no es lo suficientemente buena es que no estás lo suficientemente cerca. Lo dijo el padre de la fotografía moderna de guerra, título que comparte junto a otros muchos que demandan y merecen ese mérito. Si tu texto no es lo suficientemente bueno no se lee, se pierde. Si tu texto no es lo suficientemente bueno es que no estás dentro de lo que está pasando, dentro física y emocionalmente.

Informamos, es verdad, pero también debemos conmocionar, molestar; unos con las palabras, otros con las imágenes. En Libia se han reunido los mejores fotoperiodistas y gracias a ellos disponemos de una mirada propia, independiente, alejada de las propagandas. Más allá del gran trabajo de mis compañeros en las revueltas árabes –Gorka Lejarceji, Claudi Álvarez, Uly Martín y Bernardo Pérez– quiero centrarme en el trabajo de los fotógrafos de agencia, los grandes desconocidos, los grandes silenciados, a los que no siempre se les da el crédito que merecen. Son los que más arriesgan todos los días, para que el lector tenga la foto que habla, la que explica y trasciende. He escogido cinco. Cada una narra un aspecto de la guerra, todas juntas narran la guerra entera.

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Refugiado bangadesí en Ras Ajdir, frontera tunecina. / EMILIO MORENATTI (AP).

Un hombre sentado sobre sus pertenencias. Su vida pasada y la futura envuelta en unos hatillos. Debe de hacer frío porque calza guantes y gorro de lana. Sus manos, la caída de los hombros, como si pesaran, son símbolos de una derrota, tal vez temporal. La bolsa de plástico que está en primer plano lleva escrita una leyenda que si alguna vez tuvo sentido ahora resulta un sarcasmo: win a luxury car. El hombre es un bangladesí que emigró a Libia en busca de fortuna, la fortuna de trabajar y mandar una parte de su sueldo a casa. Le pesan tanto los hombros porque su derrota es colectiva, de toda su familia. Es la derrota de sus sueños. Las tiendas de lonas azules representan la provisionalidad, que a veces dura siglos, como en el caso de los palestinos. Al fondo, hombres de pie, con las manos en los bolsillos. No sé si el campamento tiene nombre propio, pero podría llamarse Campamento Melancolía. Emilio Morenatti, fotógrafo español, tiene un estilo reconocible. Sus colores, el manejo de la luz, la emoción que transmiten sus figuras, como el hombre de la derecha que dejó de dormir; ahora, solo observa al fotógrafo intruso que les fotografía.

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Un rebelde libio dispara una granada cerca de Ras Lanuf. / JOHN MOORE (GETTY IMAGES).

El hombre que disparara ocupa el centro de la imagen. Aún mantiene sobre el hombro el lanzagranadas. Parece disecado. El humo que lo envuelve indica que el disparo se ha producido unos segundos antes de que Moore apretara el otro gatillo, el de su cámara. Tal vez es una foto que nace de una ráfaga de fotos. No es suerte, es saber estar allí, detrás de un hombre que dispara muerte y muerte puede recibir como respuesta. La figura que se adivina a la derecha equilibra y nos transmite que la guerra no es un acción solitaria. Los hombres solitarios nunca ganan las batallas. Así es el periodismo: un trabajo colectivo de gente individualista. El humo desborda el encuadre y transmite dramatismo; humo blanco, humo negro, humo gris, todas las tonalidades de la muerte. Un humo que se tose. El único color brota del suelo, es color arena, color polvo, otro de los colores de la muerte, del enterramiento.

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Ras Lanuf. / GORAN TOMASEVIC (REUTERS).

Tomasevic es un fotoperiodista que siempre está muy cerca, a veces demasiado cerca. En esta foto no hay acción; nadie dispara, nadie muere, nadie sangra. En primer plano cajas, cintas de balas, municiones que alimentan la máquina de guerra que preside la imagen. No soy experto en armas, pero parece un antiaéreo. Un hombre sentado en él aguarda la llegada del enemigo, del aviso, del ruido que antecede a la explosión. No cuenta con tecnología, con alarmas tempranas, solo tiene su instinto y su suerte. Aparecen seis figuras, cuatro a la derecha y dos a la izquierda. Ninguno parece tenso, ninguno vigila. Los vehículos aparcados proyectan una imagen poco profesional, como si matar o vivir fuese un trabajo de fin de semana, de excursionistas. Así era en Mostar y la Herzegovina en los años noventa: los fascistas croatas iban a matar turcos cada domingo. La fotografía transmite una cierta desolación, soledad. El hombre del antiaéreo está solo, como lo están los rebeldes que enfrentan a Muamar el Gadafi. Solo cuentan con palabras. Palabras de apoyo frente a aviones que matan.

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Dos manos, la que no pudo hacer nada y la de quien murió. / TARA TODRAS-WHITEHIL (ASOCIATED PRESS).

Fotografiar la muerte, ver la muerte, resulta inquietante. Al reportero que escribe no le protege la palabra, queda expuesto al dolor, al miedo, al vacío; al fotógrafo le protege la lente, que sirve de muro, de defensa. A veces lo fotografiado se duplica en el cerebro y queda instalado allí para siempre. Fotografiar la muerte representa una desafío ético. ¿Una buena foto embellece el horror? El límite moral siempre es el respeto a quien se fotografía. Tara es de las mejores, de las honestas. En esta foto solo aparecen dos manos. La de un médico libio que sostiene y la de un hombre que murió en la batalla cerca de Ras Lanouf. No hay rostros ni muecas de muerte: ojos cristalinos, boca entreabierta, dientes manchados de sangre. Solo manos tranquilas que transmiten paz, respeto. La mano del médico se protege con un guante de goma, es el uniforme, su barrera contra el horror, su muro interior.

LIBIAOPO

La bandera de la revuelta. / ASMAA WAGUIH (REUTERS).

Otra foto de soledad. En esta no hay antiaéros ni coches para guerrear un poco y seguir el camino; solo ve a un hombre de rodillas con los brazos abiertos y una bandera al viento. Es también una imagen de desamparo, de olvido. Parece que hace señales a los que le abandonaron. Quizá sea otra forma de enfrentarse a los aviones de Muamar el Gadafi: sin armas, sin balas sin cajas con cintas de balas, solo con una bandera tricolor y la dignidad. También es la imagen de una persona que busca el socorro divino. Un hombre solo ante todos los dioses. Las nubes son blancas, casi grises, pero no son aún nubes de lluvia, de tormenta. Los dioses se aparecen bibilicamente entre rayos y centellas. La espera de Dios es la espera a Godot. Este hombre deberá ponerse en pie por sus medios y caminar. Esta foto de Asmaa Wahuihtiene movimiento aunque la protagonice un hombre quieto, casi estatua de asfalto, como un guijarro. Un hombre quieto que no vuela.

http://blogs.elpais.com/aguas-internacionales/2011/03/cinco-fotos-y-una-guerra.html

Dignidad y Resistencia…….50.000 personas contra los recortes sociales

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Con el lema ” Frente a la agresión social de Valcárcel, dignidad y resistencia” 50.000 personas han protagonizado   una manifestación en la que han participado los líderes de UGT y CCOO, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo y que ha conseguido llenar la Gran Vía de Murcia

Convocados por  los sindicatos del Comité de Resistencia –UGT, CCOO y Sterm– que se desmarcaron del acuerdo al que han llegado el resto de centrales sindicales con el Ejecutivo murciano, pidieron nuevamente la dimisión del presidente murciano al grito de ‘Aquí estamos, nosotros no firmamos’, advirtiendo que ‘Se va a acabar, se va a acabar, se va a acabar la paz social’ y los ya tradicionales ‘Manos arriba, esto es un atraco’ y ‘La solución es al derogación’.

Esta es la novena manifestación que se produce contra los recortes sociales del gobierno murciano.

Corriendo por los Servicios Públicos…contra el tijeretazo.

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Plaza del Cardenal Belluga, DIGNIDAD y RESISTENCIA contra los recortes sociales.

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Campamento DIGNIDAD
Los empleados públicos convocados por los sindicatos  UGT, CCOO y Sterm, que integran el llamado ‘Comité de Resistencia’, han iniciado una acampada  que se ubicará durante todo el fin de semana en la Plaza del Cardenal Belluga de Murcia, para protestar contra los recortes sociales  del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Murcia.
Es una mas de las movilizaciones de los trabajadores que pretende “anular los recortes que ha planteado el Gobierno regional y que afectan gravemente  a los servicios públicos como la sanidad, la educación y la política social”.
Teresa Martín.
Murcia, 25 de febrero de 2011

Algunas preguntas sobre el fotoperiodismo (via OTRA FORMA DE MIRAR)

“Una buena imagen es la que después de pasar por la peor fotocopiadora continúa contando una historia, y llegando al corazón y a la cabeza”. Javier Balauz

Muchos de nosotros hemos crecido deslumbrados por la supuesta épica del fotógrafo de guerra. Por eso conviene hacerse algunas preguntas sobre el papel de un cierto fotoperiodismo más preocupado por sus propias tribulaciones -y por dotarse de una aureola heroica- que por el sufrimiento de las personas a las que fotografía en el camino hacia el soñado World Press Photo. http://vimeo.com/19637366 No sólo Ricky Dávila tiene dudas sobre esto. Juan Val … Read More

via OTRA FORMA DE MIRAR

Milton Rogovin : “Toda mi vida me he fijado en el pobre, el rico tiene sus propios fotógrafos”

Milton Rogovin vivió más de la mitad de sus 101 años dirigiendo el foco de su cámara a los más desprotegidos por la sociedad: los pobres y los desempleados, a los que llamaba “los olvidados”, nombre que dio lugar a una serie de retratos tomados durante tres décadas a más de 100 familias residentes en las zonas desfavorecidas de Buffalo (Nueva York), donde falleció el pasado 18 de enero.

La prensa local le tachó de “rojo número uno de Buffalo”

Nacido en Brooklyn el 30 de diciembre de 1909, se licenció en Optometría por la Universidad de Columbia en 1931. El pequeño de tres hermanos, tuvo que sufrir la bancarrota del negocio familiar provocada por la Gran Depresión de los años treinta. Tras ella, trabajó como optometrista en Manhattan, época en la que se convirtió en asiduo lector del Daily Worker, periódico comunista que le acercó la imagen de la sociedad más desfavorecida a través del trabajo de los fotógrafos Jacob Riis y Lewis Hine.

En 1938 se trasladó a Buffalo, donde abrió su propio negocio de óptica, que daba servicio sobre todo a los sindicatos de trabajadores. Tras haber servido tres años como voluntario en la guerra, en 1942 se casó con Anne Snetsky y volvieron a Buffalo, donde se vinculó definitivamente con la rama del partido comunista mientras desarrollaba su profesión dentro del sindicato de óptica.

Por estas actividades tuvo que testificar en 1957 ante el Comité de Actividades Antiamericanas, organismo surgido en medio del anticomunismo que se generalizó en EE UU en plena guerra fría. Ante su negativa a hablar, el periódico Buffalo Evening News lo tachó de “rojo número uno de Buffalo”. Él y su familia sufrieron tal boicoteo que acabó en la ruina.

Sobrevivieron con el salario de maestra de su mujer, y él comenzó a llenar el obligado tiempo libre tomando fotografías de las gentes y barrios más desfavorecidos de Buffalo. Eran retratos espontáneos de personas que encontraba en las calles, a las que nunca les decía cómo posar ni vestir. “Al principio fue difícil, ya que ellos pensaban que yo era de la policía o del FBI”, declaró Rogovin en una entrevista.

En 1961 comenzó a exponer sus imágenes gracias a la invitación de un amigo suyo, William Tallmadge, profesor de música en la Universidad Estatal de Nueva York. El éxito de esa y otras exposiciones le animó a dedicar más y más tiempo a la fotografía, que empezó a considerar como medio de cambio social. En 1972 obtuvo un máster de Artes en Estudios Americanos y presentó su mayor exposición hasta entonces en la galería Albright-Knox de Buffalo.

Durante los siguientes años, Rogovin encontraba rincones “olvidados” en las reservas indias de Nueva York y en las comunidades de países como China, Escocia o España. Con ese material publicó libros, celebró exposiciones por todo el mundo y su obra pasó a formar parte de las colecciones de instituciones como la Biblioteca Nacional de París, el MoMA de Nueva York, el Museo Getty de Los Ángeles y el Museo Victoria y Alberto de Londres. La Biblioteca del Congreso de EE UU adquirió una parte de su archivo en 1999. Su mujer, Anne, le ayudó a organizar sus fotografías hasta que falleció en 2003.

“Son personas que no están socialmente de moda, pero tienen una intensidad personal que es reflejo de un mundo perdido en medio de una cultura que celebra la belleza y el poder”. Esta crítica, publicada por Holland Cotter en The Times, sirve de epílogo al trabajo de un fotógrafo que no abandonó nunca su conciencia social. El propio Rogovin lo reflejó en una frase que resume su trayectoria: “Toda mi vida me he fijado en el pobre. El rico tiene sus propios fotógrafos”.

http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Milton/Rogovin/fotografo/olvidados/elpepinec/20110130elpepinec_2/Tes

 

 

El tesoro Casasola:”la idea visual de la primera revolución social”

FOTOGALERIA DE CASASOLA

La colección ‘Photobolsillo’ edita un libro con las imágenes de este pionero del fotoperiodismo del siglo XX

MOKHTAR ATITAR – Madrid – 24/01/2011

El País.

Fortino Sámano

Fortino Sámano antes de su fusilamiento, 1917. Agencia Casasola (Archivo Casasola / Fototeca Nacional del INAH).-

El imaginario de la Revolución Mexicana se alimenta en muchas ocasiones de las fotografías tomadas por Agustín Víctor Casasola (1875-1938) . La colecciónPhotobolsillo, con la financiación de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo, ha editado un libro que reúne imágenes de este pionero del reporterismo gráfico.

La idea de crear una agencia de fotografía para nutrir a las principales publicaciones mexicanas, que demandan a principios del siglo pasado material fotográfico y que no cuentan ni con el personal ni con la infraestructura necesaria, parte de Agustín Víctor Casasola. Iniciado en el mundo editorial como tipógrafo, aunque pronto daría el salto al reporterismo escrito y tomaría la cámara nada más despuntar el siglo XX, para “ilustrar sus artículos periodísticos”, según sus propias palabras.

Es el movimiento social liderado por Zapata el que dio alas a Casasola. En 1912, cuando la demanda de material sobre la Revolución por parte de periódicos y publicaciones es insaciable, Agustín Victor Casasola abre, junto a su primo Gonzalo Herrerías, la Agencia Mexicana de Información Fotográfica, con un lema: “Tengo o hago la fotografía que usted necesite”. La agencia funcionará como una suerte de cooperativa de fotógrafos, décadas antes del nacimiento de la agencia Magnum y modelo asociativo. La guerra civil mexicana aúpa a Casasola, considerado hoy como uno de los padres del fotoperiodismo en México. Esas fotografía constituyen “la idea visual de la primera revolución social”, señala en la introducción de este libro el investigador Daniel Escorza Rodriguez, experto en la obra del fotógrafo.

Además de dirigir la agencia, el propio Agustín Víctor tomaría fotos de la mayoría de esos acontecimientos convulsos, con una imagen icónica para los mexicanos: el cadáver de Emiliano Zapata, exhibido en Cuautla, el 10 de abril de 1919. A esa tapa también pertenece la fotografía de Fortino Sámano antes de ser fusilado. “Esta foto captura a un hombre en paz consigo mismo y con sus ideas”, describía en 2001 el fotógrafo Sebastián Salgado en un artículo publicado en The New York Times , y dónde elegía esta imagen como una de sus cinco imágenes fundamentales. “No es una composición complicada. Pero el fotógrafo en una fracción de segundo, fue capaz de mostrar el lado heroico del comportamiento humano”.

Agustín Victor Casasola tuvo también una vocación de coleccionista y preservador de fotografías. Gracias a esta labor, se pudo salvar el archivo fotográfico del diario El Imparcial, y de otros tantos fotógrafos, como Gerónimo Hernández o el estadounidense Jimmy Hare, y poder crear así el propio Archivo Casasola.

La labor fotográfica de la agencia Casasola no se limitó a la guerra. También documentó la vida cotidiana de México, desde sucesos, redadas policiales, la vida social de la burguesía, uno de los primeros vuelos sobre México o la vida de los obreros en las fábricas. La muerte Agustín Víctor Casasola en 1938 no terminó con el archivo. Fueron sus hijos los que continuaron haciendo acopio de fotografías. En 1976, ante la imposibilidad de preservar con garantías el ingente fondo, los herederos donaron el archivo al estado mexicano, siendo una de las claves para la creación de la Fototeca Nacional Mexicana .

La labor fotográfica de la agencia Casasola no se limitó a la guerra. También documentó la vida cotidiana de México, desde sucesos, redadas policiales, la vida social de la burguesía, uno de los primeros vuelos sobre México o la vida de los obreros en las fábricas. La muerte Agustín Víctor Casasola en 1938 no terminó con el archivo. Fueron sus hijos los que continuaron haciendo acopio de fotografías. En 1976, ante la imposibilidad de preservar con garantías el ingente fondo, los herederos donaron el archivo al estado mexicano, siendo una de las claves para la creación de la Fototeca Nacional Mexicana .

‘Casasola’, editado por La Fábrica, dentro de la colección Photobolsillo, con un precio de 12,50 euros.