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Fotógrafos de guerra (via Siéntate y observa…)

Fotógrafos de guerra Fótografos en combate Se juegan el pellejo en cada disparo. Nos enseñan lo que no queremos ver. Tim Hetherington y Chris Hondros, dos grandes del oficio, han muerto recientemente en Libia. Destacados fotoperiodistas han seleccionado para ‘El País Semanal’ una de sus imágenes más icónicas. A partir de ellas reflexionan sobre lo … Read More

via Siéntate y observa…

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DISCURSO DURANTE LA ENTREGA DEL PREMIO INTERNACIONAL JULIO ANGUITA PARRADO,por Gervasio Sánchez



Queridos miembros del jurado, queridas Antonia y Ana, madre y hermana de Julio, señor alcalde, señor vicerrector, querida Lola, señoras y señores.

Con gran emoción recibo el Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado, convocado por el Sindicato de Periodistas de Andalucía, con el apoyo del Ayuntamiento y la Universidad de Córdoba.

No conocí a Julio pero varios de mis mejores amigos fueron compañeros suyos durante el tiempo que pasó en Estados Unidos y he pedido a uno de ellos, el gran periodista Alfonso Armada, que me escribiese un pequeño perfil que voy a leer a continuación:

“Compartí con Julio algunos de los momentos más divertidos y luminosos de mi trabajo como corresponsal de ABC en Nueva York. Julio aparecía siempre impecable, con su camisa y su corbata en estado de revista, siempre de buen humor, con una sonrisa de oreja a oreja y la ironía bien afilada. Hacía mucho más llevaderos desayunos y ruedas de prensa, desfiles de moda y noches flamencas. La noticia de su muerte a las afueras de Bagdad nos dejó mudos, desencajados. Aunque las empresas periodísticas jueguen y practiquen la guerra de trincheras económicas e ideológicas, entre los corresponsales acreditados en Nueva York y ante las Naciones Unidas había una camaradería que pasaba por encima de manchetas y camisetas.
Queremos tanto a Julio. Lo quisimos y lo seguimos queriendo”, acaba diciendo mi amigo Alfonso Armada.

Señoras y señores.

Siempre que regreso a Córdoba recuerdo mi primer viaje en tren que empezó en la vieja estación de esta ciudad. Tenía tres años. Mis hermanos pequeños saltaban de alegría. Se iniciaba una gran aventura. Barcelona era nuestro destino. Yo miraba las lágrimas de mi madre. Nos íbamos para siempre. Tardé en regresar casi dos décadas a mi ciudad natal, pero les juro que siempre he sido del Córdoba.

Nunca olvidaré la temporada 1964-1965. No sé si ustedes lo saben, pero el Córdoba tiene un record muy difícil de batir. En aquella temporada, una de las ocho que jugó en la Primera División, sólo recibió dos goles en los 15 partidos que jugó en el Arcángel, uno del gran Di Stefano cuando jugaba en el Español, y otro en propia puerta, de Ricardo Costa, contra el Zaragoza. Nadie le ganó en su estadio y quedó quinto en la Liga. Inolvidable.

Cuánto lloré cuando en la temporada 1971-1972 el Córdoba bajó a Segunda División con Kubala de entrenador. Tenía doce años y ya he superado el medio siglo. El año que viene hará 40 años. Por favor, señor alcalde, haga el milagro y regrésenos de nuevo a la Primera División. Es insoportable esta condena eterna.

Quiero felicitar a la corporación municipal por bautizar dos plazas de Córdoba con los nombres de Julio Anguita Parrado y de José Couso. Ustedes han honrado a sus familias y han dignificado el mandato electoral.

Qué diferencia de actitud si la comparamos con la del gobierno de la nación, la fiscalía general de la nación o la fiscalía de la Audiencia Nacional.

Entre bastidores los altos cargos políticos y judiciales de nuestro país han conspirado contra sus propios ciudadanos. Entre bastidores han luchado “con uñas y dientes para hacer desaparecer los cargos contra los tres militares”, implicados en el asesinato de José Couso mientras mentían a sus familiares. Lo hemos leído en los papeles del Departamento de Estado de Estados Unidos filtrados por Wikileaks que deja a nuestros políticos y fiscales desnudos moralmente.

Sí, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, la ex vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, el ex ministro de Justicia, Juan Fernández López Aguilar, el ex ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza.

Sí, todos ellos conspiraron para sepultar el caso Couso bajo un manto de silencio. Se me ocurren palabras muy duras para denominar estos comportamientos. Pero la elegancia de un acto como este sólo me permite llamarles cobardes. Eso sí, COBARDES con mayúsculas.

Señoras y señores.

Podríamos repasar el mundo desde hace mil o cien años porque los seres humanos estamos emparentados con la guerra, la violencia y la muerte desde tiempos inmemoriales. Pero es suficiente con reflexionar sobre lo que ha ocurrido en las dos últimas décadas.

A finales de los años ochenta vivimos un ideal: el fantasma de una guerra nuclear comenzaba a desvanecerse mientras los descubrimientos médicos y tecnológicos permitían salvar a millones de seres humanos.

Los europeos, los mayores inventores y exportadores de monstruosidades como la esclavitud y el genocidio, superaban las dramáticas diferencias del pasado que habían provocado guerras permanentes y se dedicaban a crear un gran paraíso económico.

La carrera armamentística se frenó en seco y se comenzaron a solucionar los conflictos armados vinculados a la Guerra Fría. Aquellas guerras largas y sangrientas como la de El Salvador, Angola o Camboya daban paso a procesos de paz muy dinámicos que conseguían en días y semanas lo que había sido imposible en meses y años de negociaciones.

Era el tiempo de poner fin a los regímenes dictatoriales y corruptos y exportar la democracia entre nuestros excedentes. Era el tiempo de establecer reglas justas en nuestros intercambios comerciales.

Pero los acontecimientos se precipitaron. Las armas ya no obedecían a sus antiguos dueños, vinculados a los gobiernos de Estados Unidos, la ex Unión Soviética, Francia, Gran Bretaña o China, los más poderosos.

Ahora defendían intereses de jefecillos locales auspiciados por las antiguas potencias coloniales y muchos países se desangraban ante la inoperancia y la hipocresía de los gobernantes más poderosos en los Balcanes, Oriente Medio y Lejano y, sobre todo, en África.

Los periodistas estamos obligados a documentar los dramas humanos. Tenemos que sentir el dolor de las víctimas si queremos transmitir con decencia.

Ryszard Kapuscinski escribió que “el reportero tiene que vivirlo todo en su propia carne” en “Los cínicos no sirven para este oficio”, uno de los mejores manuales sobre periodismo que existen. También afirmaba que “es erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida”.

En otro de sus grandes libros, Ébano, que transcurre en África,  reflexionó sobre esa costumbre de los medios de comunicación de amontonar los muertos en cifras anodinas y de hablar de “morir en masa” cuando “el hombre siempre muere solo”.

A veces me preguntan por mi fotografía preferida. Podría elegir una que muestra las ruinas de la biblioteca de Sarajevo atravesada por un haz de luz que se cuela por una rendija de la techumbre derruida.

Podría elegir una que representa dos mutilaciones al mismo tiempo, la del niño al que le falta una pierna y un ojo por culpa de la explosión de una mina antipersona junto a su madre tapada de pies a cabeza con el tradicional burka afgano.

Podría elegir la de una niña sudanesa que mira a mi cámara y a mi conciencia con una calma que duele mientras agoniza en un campo de desplazados en el sur de Sudán.

Podría elegir cientos de imágenes.

Pero creo que mi mejor fotografía todavía no la he hecho. No pienso en una asombrosa imagen que dé la vuelta al mundo. Me gustaría mostrar la dignidad, más un concepto que una situación, algo muy difícil de resumir en una imagen.

Cuando alguien sufre o agoniza es muy fácil fotografiarlo. Resulta incluso fotogénico. Y hay recursos retóricos que se utilizan a menudo: niños rodeados de moscas, hombres con miradas perdidas mientras mueren, seres humanos reconvertidos en esqueletos andantes.

Creo que los que sufren y los que mueren tienen derecho a nuestro respeto. Han podido perderlo todo, incluida la vida, pero nadie tiene derecho a arrancarles la dignidad.

Ser capaz de mostrarla, de fijar la emoción de un instante límite y, al mismo tiempo, documentarlo se ha convertido en mi asignatura pendiente.

La única verdad incuestionable de las guerras son las víctimas. El mundo del Dolor se parece a un océano sin límites. Sus protagonistas forman un interminable ejército de muchos ceros condenados al anonimato.

¿Por qué los países más ricos son los más pobres? La respuesta es fría como el hielo: buitres carroñeros, que se presentan ante sus sociedades opulentas como decentes hombres de negocios, roban sus riquezas y corrompen a sus  gobiernos.

Se llevan los diamantes, el petróleo y el coltan y dejan armas para que los más pequeños jueguen a matarse.

Si la corrupción es perseguida en nuestras sociedades, por qué permitimos que nuestras multinacionales utilicen la corrupción para sacar mayores beneficios. Si buscamos paliar el sufrimiento en nuestros hospitales por qué no impedimos el genocidio o la persecución étnica.

Los señores de la guerra protegen sus intereses mientras los  soldados extranjeros apuntalan su poder. Todo sigue igual desde hace 30 años en países como Irak, Colombia, República Democrática del Congo o Afganistán tal como han explicado Eman Ahmad, Eduardo Márquez, Caddy Adzuba y Mònica Bernabé, mis predecesores en la lista de ganadores del Premio Internacional Julio Anguita Parrado.

Las armas son cada vez más ligeras. Los fabricantes tienen interés en abaratar costes y reducir la edad de los combatientes. Los comandantes saben que los niños se entusiasman con los juegos bélicos. Los soldados infantiles no replican cuando se les da una orden y son fácilmente sustituibles.

Nuestros hijos de 13 años serían combatientes en muchos países africanos. Actuarían como hombres y matarían por el control de una esquina. Aunque no sabrían responder a una pregunta simple: ¿Por qué mi país está en guerra?

Los varones son privilegiados. Las niñas de sus mismas edades son violadas por sus jefes, utilizadas como esclavas sexuales, marcadas para siempre por el odio y la enfermedad.

Si tienen suerte morirán muy jóvenes. Si no, el sida les tenderá la mano durante algunos años. La ignominia total: son esclavas sexuales durante la guerra y prostitutas cuando se alcanza la paz y se produce el desembarco masivo de los extranjeros. En los países golpeados por la violencia los blancos casi siempre huelen a dólares y colonia de lujo.

Pueden ser iraquíes, colombianos, congoleños, afganos, somalíes, costamarfileños, libios. Fueron, en años anteriores, guatemaltecos, ex yugoeslavos, camboyanos, angoleños.

Todas las guerras obedecen a causas importadas. Hay guerras porque la voracidad y la depredación están presentes en todas las transacciones económicas entre las grandes multinacionales y los pequeños países del Tercer Mundo.

Hay guerras porque los mismos gobiernos que patrocinan la declaración universal de los derechos humanos en su territorio nacional lo violan sistemáticamente cuando se trata de defender sus intereses estratégicos.

Hay guerras porque la venta de armas es un negocio con grandes márgenes de beneficios. Hay guerras porque España ha exportado armas a países víctimas de conflictos eternos durante todos los gobiernos desde el inicio de la transición en 1977.

Y este bochornoso negocio se ha cuadriplicado desde 2004, desde la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero, el gobernante que más ha instrumentalizado y pisoteado la palabra paz, que, incluso, ganó aquellas elecciones gracias al estado de opinión creado contra la guerra de Irak y los errores cometidos por José Maria Aznar.

Ojalá fuese una broma lo que estoy diciendo pero no lo es: han cuadriplicado las ventas de armas en seis años y no se les ha caído la cara de vergüenza.

Hagamos un gran libro de los muertos, de las víctimas de tantas guerras inútiles e inconclusas. Un libro tan pesado como los presupuestos de todos los estados juntos y presentémoslo a la humanidad.

A partir de ese día el mundo comenzará a cambiar porque la visión total de todas estas biografías inacabadas nos obligará a dar un grito definitivo contra el cinismo de nuestras instituciones gubernamentales, el obsceno manejo de los asuntos internacionales y el bochornoso comportamiento de nuestros políticos y diplomáticos cuando se trata de paliar el sufrimiento.

Muchas gracias

 

Discurso pronunciado por Gervasio Sánchez el 7 de abril de 2011 durante la entrega del Premio Internacional Julio Anguita Parrado.

Publicado el abril 11, 2011 por Gervasio Sánchez en la web de Heraldo de Aragón. (http://blogs.heraldo.es/gervasiosanchez/)

Mas información : http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=619543

http://www.canalsur.es/portal_rtva/web/noticia/id/147214/noticias/cultura/gervasio_sanchez_recoge_el_premio_de_periodismo_anguita_parado

http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=629684

73 AÑOS DE ESPERA EN ARAGON, Gervasio Sánchez

Una digna exhumación tras 73 años de espera. Es lo que ocurrió el viernes en Cetina, una localidad aragonesa situada a 130 kilómetros de Zaragoza, donde fueron exhumados doce vecinos de Torrijo de la Cañada, fusilados en noviembre de 1936. La mayoría eran miembros de la Unión General de Trabajadores, algunos con cargos públicos en el ayuntamiento.

Un equipo formado por siete arqueólogos españoles, una antropóloga forense argentina y varios voluntarios de la Asociación por la Recuperación y la Investigación Contra el Olvido (A.R.I.C.O.)  trabajó durante una semana hasta conseguir recuperar los restos enterrados a más de metro y sesenta centímetros de profundidad.

La fosa de Cetina, a 130 kilómetros al sur de Zaragoza.                                                                                                                   Miercoles,  24 de marzo de 2010  Fotografía de Gervasio SánchezLa fosa de Cetina, a 130 kilómetros al sur de Zaragoza. Miercoles, 24 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Hace dos años A.R.I.C.O. se puso en contacto con algunos de los familiares con el objetivo de documentar los hechos. Gracias a una subvención de Vicepresidencia de Gobierno de 38.500 euros pudieron iniciar los trabajos de localización del lugar exacto donde se produjo el el entierro ilegal.

“Ese dinero ha servido para financiar el largo proceso de búsqueda. Tuvimos que alquilar un georadar que verificase si se había producido excavaciones o movimientos de tierra en el pasado, contratar al equipo arqueológico, buscar los alojamientos y ponernos en contacto con el laboratorio que se va a encargar de las identificaciones de los restos”, explica Santiago Carcas, presidente de A.R.I.C.O.

La exhumación ha sido posible gracias a una subvención del Estado                                                                                                                 Jueves, 25 de marzo de 2010  Fotografía de Gervasio SánchezLa exhumación ha sido posible gracias a una subvención del Estado Jueves, 25 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Después de la ejecución varios vecinos de Cetina fueron obligados a cavar la fosa. “Hay dos tipos de enterramientos: uno metódico como éste con los cuerpos alineados, boca arriba y tratados con respeto, realizado por personas ajenas a los crímenes; y un segundo tipo en el que fueron arrojados al fondo de la fosa de cualquier manera y aparecen superpuestos. Cuando los verdugos estaban presentes se solían producir inhumaciones muy bárbaras”, explica el arqueólogo César Regalado, que ha trabajado en media docena de fosas relacionadas con nuestra guerra.

Por suerte el dueño de la finca nunca se opuso a la exhumación y ayudó a rastrear el lugar. “Tú a labrar como sino hubiera pasado nada”, fue la orden que recibió un antepasado del dueño actual cuando preguntó a las autoridades locales. El terreno, situado a 300 metros en línea recta de la autovía que se dirige a Madrid, no ha dejado de dar cosechas desde entonces,

Antonio Cortés, de 50 años, es uno de los voluntarios que ha acudido cada día a ayudar en la excavación. “Mi padre Francisco Cortés fue obligado a cavar la fosa cuando tenía 15 años. Desde pequeño siempre me dijo que aquí habían enterradas doce personas, una cifra que coincide con el número encontrado”, explica Antonio, partidario de exhumar todas las fosas que hay en Aragón y en el resto de España.

El voluntario Antonio Cortés paricipa en los trabajos de exhumación                                                    Jueves, 25 de marzo de 2010   Fotografía de Gervasio SánchezEl voluntario Antonio Cortés paricipa en los trabajos de exhumaciónJueves, 25 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Durante la semana que ha durado la exhumación no se ha presentado ninguna autoridad autonómica. “El gobierno de Aragón no es partidario de exhumar. Sólo quiere poner monolitos recordatorios. Me temo que esta va a ser la última exhumación porque existe un desinterés generalizado”, dice con amargura Santiago Carcas.

Domingo Pacheco, alcalde de Torrijo de la Cañada, afirma que la exhumación no ha provocado ninguna polémica en el pueblo. “Es verdad que algunos piensan que se deberían quedar aquí. El ayuntamiento ha cedido a las familias un terreno en el cementerio para que puedan enterrar los restos al acabar el proceso de identificación”, aclara mientras sigue con interés el trabajo de los arqueólogos. Serán los primeros 12 fusilados que regresen al pueblo de los 33 que hubo entre el 14 de septiembre y el 30 de diciembre de 1936.

María Luisa Martínez Cid no deja de mirar los restos alineados con un orden exquisito. Como si buscase alguna señal que le permitiese reconocer a su tío Antonio Cid, fusilado con 30 años. “Desde que abrí los ojos recuerdo a mi tía y a mi madre de luto. Estoy feliz porque los hemos encontrado. Hemos decidido enterrarlos juntos. Es lo lógico después de 73 años compartiendo la misma fosa”, declara emocionada.

Esther Ripoll, arqueóloga residente en Zaragoza, trabaja por primera vez en un fosa de fusilados. “En una exhumación romana o visigoda todo es más lento y frío porque lógicamente las familias directas no están presentes”, comenta la joven que ha participado en media docena de excavaciones muy antiguas.

Los restos empacados de los doce fusilados                                                                         Viernes, 26 de marzo de 2010      Fotografía de Gervasio SánchezLos restos empacados de los doce fusilados Viernes, 26 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

La arqueóloga cordobesa Azahara Martínez afirma que es muy emotivo “sentir el abrazo de los familiares” y considera que trabajar en una fosa “es como viajar en el tiempo”.

La argentina Amelia Barreiro asegura que “el dolor de los familiares es similar en todas partes por muy diferentes que sean los contextos o las culturas”. Cuando en Argentina se topaba con víctimas de su misma edad pensaba que ella “podría haber acabado de la misma manera si hubiera vivido los años más turbulentos de la historia de su país. “Es como si te exhumases a ti misma”, confiesa.

Antes de recoger los restos José Antonio Cid, portavoz de los familiares, dirige unas palabras a los presentes: “Vamos a reparar una deuda histórica y vamos a devolverlos a su pueblo natal. Por fin van a descansar en paz”.

Javier Ortiz, jefe del equipo de arqueólogos, explica que todos tienen impacto de bala en la cabeza y que se han encontrado casquillos de proyectiles utilizados en aquella época en la zona removida. Es  muy probable que fueran ejecutados a unas decenas de metros.

Los restos encontrados pertenecen a personas cuyas edades varían entre los 22 años y los 64 años. “Cetina es muy simbólica porque se trata de mi última fosa. Ya es tiempo de descansar después de nueve años consecutivos trabajando en sesenta fosas a lo largo de todo el país”, agrega al final de su alegato.

En apenas tres horas el equipo exhumador saca los 12 cuerpos hueso a hueso, los envuelven en papel de periódico y los embalan en cajas individuales de cartón que numeran según el orden de enterramiento.

La fosa vacía al finalizar los trabajos de exhumación                                                         Viernes, 26 de marzo de 2010    Fotografía de Gervasio SánchezLa fosa vacía al finalizar los trabajos de exhumación Viernes, 26 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Serán llevados al laboratorio Palaolab de Valencia donde serán analizados durante dos semanas. Tres centímetros de fémur y dos molares de cada uno serán suficientes  para extraer el ADN y  cotejar los resultados con las muestras sanguíneas de los familiares.

Los restos serán guardados provisionalmente en un nicho del cementerio de Cetina hasta que se puedan realizar la inhumación definitiva en el mismo pueblo del que salieron vivos hace 73 años.

Esta noticia fue escrita el Lunes, Marzo 29th, 2010 a las 6:00 am.

Gervasio Sánchez: los grandes trabajos fotográficos son fruto de muchas lágrimas, mucho dolor y mucho esfuerzo.

¿Cuál es la misión del fotoperiodismo?

Ser una referencia iconográfica de lo que está pasando.Es decir, que sirva para mostrar y documentar la historia cotidiana.Quienes se van a dedicar a esta rama del periodismo deben saber que los grandes trabajos fotográficos son fruto de muchas lágrimas, mucho dolor y mucho esfuerzo.

…….Mientras esperábamos, le dije a mi compañero que me iba a dar una vuelta por la ciudad. Tenía pensado acudir a la biblioteca de Sarajevo porque era un sitio muy tranquilo. Allí me refugié muchas ve- ces durantes los bombardeos. Empecé a tomar fotos. Miré el reloj y restaban unos veinte minutos para la entrevista con el jefe militar. Bajé entre los escombros del edificio y vi gente recogiendo agua en una fuente. Disparé con mi cámara, pero algo fallaba. La lente no captaba la luz del ambiente. Me pregunté qué ocurría, y me di cuenta de que estaba fotografiando con una película TRI-X 400 a 100 ASA [película de alta sensibilidad calibrada como si fuera de baja luminosidad]. Me metí corriendo en la biblioteca porque iba mal de tiempo. De repente, apareció un haz de luz que refulgía con gran intensidad en medio de eso majestuoso edificio derruido”

http://www.unav.es/nuestrotiempo/themed/nuestrotiempo/

files/docs/115/082/3243_entrevista_gervasio.pdf

Vida cotidiana en Camboya. Gervasio Sánchez

Niños en el Centro Arrupe, Camboya. Gervasio Sánchez


Gervasio Sánchez,suele realizar  normalmente todas sus fotografías  en blanco y negro, pero en esta ocasión las realizó con cámara digital y en color.