Gabriela Iturbide,fotógrafa mexicana

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ENTREVISTA CON GRACIELA

ITURBIDE, PREMIO PHOTOESPAÑA

Graciela Iturbide ha sido galardonada con el Premio PHotoEspaña Baume & Mercier 2010 como reconocimiento a sus más de 40 años de carrera profesional que la han erigido como una de las referencias de la fotografía contemporánea.

La fotógrafa mexicana ha recibido el máximo premio del Festival, dotado con un trofeo exclusivo de Eduardo Arroyo y 12.000€ en compra de obra.

PHE.es habló con ella sobre su trayectoria artística y sobre el galardón que acaba de recibir.

PHE- Estudió en la Escuela cinematográfica ¿Por qué cambió el cine por la fotografía?

Graciela Iturbide- Empecé ya tarde a estudiar. Me casé joven, tuve hijos y cuando estudiaba cinematografía tuve la suerte de conocer a Manuel Álvarez Bravo, que era profesor. Entré en su clase y, desafortunadamente para él y afortunadamente para mi, no había nadie más. Me preguntó si quería ser su asistente y yo le dije que si. Estuve mucho tiempo trabajando con él, cerca de un año y medio, entonces corté un poquito el cordón umbilical pero continuó siendo un gran amigo mío y mi maestro para toda la vida. Luego me cambié a vivir cerca de su barrio, entonces tenía la facilidad de irle a visitar. Me encantaba escucharle, me encantaba su forma de vida.

PHE- ¿Cómo fue su relación con él y qué es lo más importante que le enseñó?

GI- Lo que más me gustaba era su manera de ser, su forma poética de ver el mundo y el tiempo que tenía para la vida. A mi siempre me decía: “Hay tiempo, hay tiempo, no se apresure. Más despacio, todo con tranquilidad, las cosas vienen solas”. Y siempre tuvo en su laboratorio, que todavía se conserva (él murió a los 100 años), un letrero que dice: “Hay tiempo”. Es como ver el mundo de otra forma. Yo lo conocí en el año 69, empecé a estudiar y a trabajar con él, a ir al campo con él. Él me dejaba compartir su vida… fue una persona que siempre me dio consejos fantásticos y siempre he sentido que tuve una inmensa suerte de entrar a la fotografía por esta puerta.

PHE- Sus imágenes están impregnadas de algo misterioso, de algo poético ¿Cuál ha sido su hilo conductor, por ejemplo para plasmar las imágenes en las que los pájaros juegan un papel tan importante?

GI- Tuve necesidad de sacar de mi archivo todos los pájaros que había tomado. Nunca los he buscado, simplemente aparecían. Una editorial me propuso hacer un libro y yo me basé para hacerlo en un poema de San Juan de la Cruz que reúne las cualidades de los pájaros. Es un poema que siempre ha estado conmigo y este fue el hilo conductor con el que quise unir todas mis fotografías sobre pájaros. También me gustan porque simbolizan la libertad, incluso tengo un retrato con pájaros en el que hay un pájaro vivo y un pájaro muerto.

En México estamos, sobre todo en los pueblos, muy acostumbrados a vivir con animales. En Juchitán, por ejemplo, están en el mercado, en las calles. Yo no tengo animales en casa porque tengo una casa pequeña… una vez tuve pájaros y murieron, pero si me gusta mucho en determinados lugares, encontrarlos. Me encantan los encuentros casuales con los animales.

PHE- Su visión sobre las mujeres de Juchitán en Oaxaca las muestra independientes, fuertes y politizadas, lejos de los clichés de los indígenas ¿Qué visión quería transmitir de estas mujeres? Vivió temporadas junto a ellas ¿Cómo fue la convivencia con estas mujeres?

GI- Me invitaron a que fuera a Juchitán a fotografiar. Pase varios meses en Juchitán yendo y viniendo con la suerte de que podía vivir en casa de las mujeres juchitecas y por ello tuve mucha más intimidad y mucho más acceso a sus fiestas, rituales, su vida cotidiana… creo que es un lugar donde aprendí mucho de la cultura zapateca.

Mi primer acercamiento fue en el mercado, estuve vendiendo con ellas. Allí fue donde conocí a la mujer de las iguanas de la fotografía, que llegó al mercado con las iguanas en la cabeza vivas para venderlas. Después de ese primer acercamiento, comencé a ir a sus fiestas, después fui a sus casas, estuve con ellas y participé mucho de su vida cotidiana. Sigo en contacto con la gente de Juchitán, con sus leyendas. He fotografiado sus casamientos, el momento en el que el joven le quita la virginidad a ella… fui de las primeras personas que fotografió a esta mujer en la cama con las flores rojas en la cabeza como símbolo de su virginidad. Eran mis amigos y por eso podía estar allí, tenía ese privilegio.

PHE- Creo que para usted una de las cosas más importantes es el respeto por los modelos, pasar casi desapercibido ¿Cuál es el proceso que lleva a cabo para realizar sus fotografías?

GI- Si y no. Necesito de la complicidad de la gente para poder fotografiar. De hecho muchos retratos de la gente me los han pedido ellos y me gusta hacer retratos, pero mientras haya complicidad. No me gusta robar imágenes, siempre es con el consentimiento de ellos.

PHE- El mundo indígena ha tenido bastante presencia en su obra. Por ejemplo, ha realizado un trabajo sobre los indios Serís ¿Cómo fue su aproximación y relación con estas personas?

GI- El trabajo de los indios Serís fue un encargo del Instituto Nacional Indigenista. Se hicieron libros de series sobre este pueblo. Estuve viviendo con ellos durante un mes y medio, en una pequeña casa que me cedieron con un antropólogo, poeta y escritor. Ahí mi recurso fue hacer fotografías de ellos, porque eran muy pocos y tenía que dar un aspecto más antropológico y personal de lo que yo sentía de esta comunidad.

PHE- Algunos de tus sueños han inspirado fotografías ¿De qué manera?

GI- Es raro. Una vez soñé con un hombre lleno de pájaros que decía: “en mi tierra sembraré pájaros”. Después, en una isla de pájaros a la que fui, conocí a un cuidador de pájaros que parecía un pajarito. Cuando hice la fotografía me acordé del sueño como algo que ya había pasado en mi cabeza.

PHE- Inevitablemente sus fotografías recuerdan a algunas imágenes del realismo mágico de la literatura latinoamericana ¿Crees que hay algún tipo de conexión?

GI- No veo ninguna conexión entre mis imágenes y el realismo mágico. El realismo mágico se puso muy de moda en un momento dado en Europa y es como un cliché de latinoamérica. Yo siento que mi obra no tiene que ver con el realismo mágico, mi obra es México.

Es como cuando André Bretón dijo que Frida Kahlo era surrealista. Llevaron sus cuadros a París y después Frida escribió en uno de sus cuadros: “Mi obra no es surrealista”.

PHE- La figura de Frida Kahlo le ha interesado especialmente ¿Cómo ha retratado el legado de esta artista?

GI- No soy fridómana, pero admiro a Frida Kahlo por muchas cosas. Desde niña tuvo poliomelitis, luego un accidente con un autobús, no pudo tener hijos, más adelante le cortaron una pierna. Siento que es una pintora muy buena en algunas ocasiones, en otras no porque el dolor y el corsé le impedían que la pincelada fuera buena. Se dice que en ocasiones Diego le ayudaba a terminar sus cuadros, pero Diego no creía mucho en Frida.

La casa de Frida estuvo cerrada durante 50 años después de su muerte. Cuando se abrió a mi me invitaron a hacer unas fotografías a color. Hice solamente 3 ó 4 fotografías sobre objetos que encontré en el baño como carteles de Lenin, las muletas de Frida… interpreté lo que encontré en la tina como los rasgos de dolor de la vida de Frida. Se hizo un pequeño librito que se llama “El baño de Frida” y ha tenido éxito porque hay mucha fridomanía en México y en Estados Unidos. De hecho, cuando estaba con los chicanos en Estados Unidos me enseñaron una especie de oración en la que combinaban una oración a Frida y a la virgen de Guadalupe.

PHE- También viajó a la India para trabajar allí ¿Cómo fue la experiencia de su viaje?

GI- La primera vez que fui a la India fue con mis hijos. Quería ir lo más lejos posible para hacer un viaje con ellos. Yo empecé a fotografiar la India y fue un choque fuerte, pero después me invitaron a hacer un libro junto a Raghu Rai y Sebastiâo Salgado llamado “India México. Vientos paralelos”. Ahora volveré en septiembre para hacer una exposición en el Instituto Cervantes de Delhi y quiero seguir fotografiando para hacer un libro junto a todas las fotos que tengo procesadas. De la India me interesan los animales, los paisajes, los objetos… trato de evitar fotografiar lo cliché, lo que ya está visto por otra gente. Cuando voy a la India me fijo, por ejemplo, en objetos como prótesis. A ver que fotografío ahora, porque en cada viaje se cambia.

PHE- De su extensa carrera como fotógrafa ¿Cuál diría que es el proyecto más complicado en el que más se ha involucrado personalmente?

GI- De mis trabajos el más intenso fue el de Juchitán. Comencé en el 69 y terminé varios años después, porque iba y venía. Además allí se bebe mucho y tenía que beber con ellos, yo no podía seguir el ritmo. Pero es con ellas con las que he creado un vínculo más fuerte, sigue habiendo una relación muy profunda.

Otro reto importante fue Roma. Fue difícil para mi porque habían invitado a Martin Parr y a otros fotógrafos también, tuve que buscar mi propio camino. Me levantaba temprano en las mañanas para encontrar en la cotidianeidad de las calles de Roma algo. Allí mi inspiración fue Passolini, porque lo mataron en Ostia y fui varias veces a ese lugar para intentar hacerle un homenaje. Estaba su tumba, pero lo que me inspiró fueron los poemas suyos escritos sobre la tumba.

PHE- Ha sido galardonada con el Premio PHotoEspaña ¿Qué supone este premio para usted? ¿Cómo recibió la noticia?

GI- Estoy muy feliz, fue una sorpresa para mi y es un incentivo para seguir trabajando, te da todavía más entusiasmo para seguir sorprendiéndote.

PHE- ¿Podría compartir con nosotros los proyectos en los que se encuentra trabajando actualmente?

GI- Uno de los proyectos más importantes en los que estoy trabajando es la isla de Cerdeña en Italia. Ya he ido dos veces y todavía no acabo de saber por donde tirar. Hay proyectos que en un momento dado resultan muy fáciles y hay proyectos que te cuestan mucho más trabajo. Tengo que regresar y a ver por donde, nunca se sabe por donde podrás ir en cada viaje.

Más información sobre Graciela Iturbide

Graciela Iturbide (México, 1942) es la mayor de trece hermanos. En 1962 se casa con el arquitecto Manuel Rocha Díaz con quien tendrá tres hijos. Inicia sus estudios en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México, lugar donde comienza su carrera en el mundo de la imagen, al realizar una película sobre la vida y obra de José Luis Cuevas. Allí conoció a su mentor, el maestro oaxaqueño Manuel Álvarez Bravo, profesor, cineasta y fotógrafo, que constituyó una figura vital en su desarrollo vital y profesional.

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  1. 14/02/12

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