Cueste lo que cueste, por Ramón Lobo. El País.

Hace 10 años murieron Miguel Gil Moreno y Kurt Schork en una emboscada en una carretera de Sierra Leona y parece que desde entonces se nos cayó encima el Periodismo. Ahora todo es pesimismo, crisis económica, escasez de confianza, flaqueo de valores y anuncios (quizá algo prematuros) de la muerte del papel. La supuesta globalización ha generado en estos tiempos de recorte y prudencia una exasperante uniformidad en las noticias y los enfoques. El Roto retrató el problema en una gran viñeta: “No hay menos guerras sino menos periodistas que van a ellas”

En momentos así, de desesperanza, sobre todo para los jóvenes que aspiran a ser algún día periodistas, es bueno pararse, respirar y reflexionar. Este ejercicio de ensimismamiento es sobre todo de motivación, un truco para poder arrancar la máquina del optimismo.
Cuando se piensa en periodistas como Miguel y en los españoles que murieron después -José Couso, Julio Anguita Parrado y Ricardo Ortega- resulta más fácil encontrar motivos para la lucha, para desplegar una saludable tozudez en la defensa de nuestros sueños.
Siempre habrá periodistas como ellos, gente que cuenta historias contrastadas y veraces, porque siempre habrá personas interesadas en leer, ver o escuchar esas historias sea cual sea su soporte. Es la esperanza fundamental, que siempre haya alguien al otro lado.
Internet democratiza las voces y multiplica las posibilidades de contar noticias. Es una gran ventana laboral para miles de freelance, periodistas que no trabajan para un medio fijo, que se pagan sus gastos y venden su trabajo al mejor postor, si lo hay. El problema para ellos, y para los periodistas en plantilla, es el dinero, financiar un viaje que exige seguros de vida especiales, chalecos antibalas, cascos y hoteles de precios prohibitivos en manos de especuladores. Cubrir una guerra es caro, tener información propia, de primera mano, honesta y fiable cada mañana o cada media hora en la web es caro, muy caro.
Siempre serán necesarios camarógrafos como Miguel Gil y Couso, fotógrafos como Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol y Luis Valtueña, periodistas de papel como Julio Fuentes y Julio Anguita y freelances como Ortega. No sé si sus trabajos se verán y leerán en medio clásicos -diarios y revistas de papel o televisiones por TDT, cable o satélite- u otros ya descubiertos o por descubrir, sólo sé que la esencia de este trabajo, la esencia ética de tipos como Miguel Gil, no cambia. Ellos son los herederos de otros muchos -Ernie Pyle, Robert Capa…- en este trabajo que después de todo sólo consiste en ver, escuchar y escribir y pasar el testigo a los que vienen después. Cueste lo que cueste.

La muerte de un compañero , por Gervasio Sánchez

Fotogaleria

Cuando se cumplen 10 años de la muerte del periodista Miguel Gil Moreno en Sierra Leona,  Gervasio Sánchez lo recuerda.

Estoy seguro de que el peor momento de mi vida profesional lo viví el 25 de mayo de 2000, hace hoy justo 10 años. Por la mañana temprano entré en la morgue de Freetown. Allí, sobre una losa de mármol, yacía el cadáver de mi compañero Miguel Gil Moreno , muerto en una emboscada el día anterior junto al periodista estadounidense Kurt Schork.

Me quedé petrificado durante los primeros minutos. Sentí ganas de llorar, de gritar, de irme. Después empecé a sudar mientras miraba aquel cuerpo inerte. Estaba obligado a memorizarlo todo aunque sólo deseaba despertar de lo que parecía una pesadilla.

Mi deber era ejercer de familiar cercano a pesar de que me da miedo la muerte desde que era un niño. Tendría que contestar a preguntas más tarde. Preguntas que llegaron dos meses después cuando Pato, la madre de Miguel, me interrogó a solas sobre el estado de su hijo. Quería las respuestas que necesita cualquier madre e intenté dárselas. La habían convencido de que no valía la pena abrir su ataúd antes de enterrarlo en Vimbodí (Tarragona).

Sabemos las circunstancias de su muerte y la de Kurt. Los relatos de los compañeros sobrevivientes fueron muy certeros. A la una y media de la tarde del día anterior, un grupo fuertemente armado de la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (FRU) emboscó un convoy militar en el que iban integrados los dos coches conducidos por los periodistas cerca de Rogberi, un cruce de caminos situado a 90 kilómetros de la capital.

Parecía una zona controlada por las fuerzas militares progubernamentales, pero los territorios comanches de las guerras siempre son móviles y los hombres armados aparecen detrás de cualquier punto como ocurrió aquel día.

El ataque fue demoledor y duró varias decenas de minutos. El coche de Miguel fue alcanzado por parte de la carga de un lanzagranadas ARPG7, especializado en vehículos blindados. El periodista barcelonés murió en el acto igual que su compañero Kurt, que conducía el otro vehículo, alcanzado por un balazo en la frente. Otros dos periodistas, el fotógrafo griego Yannis Behrakis y el cámara de televisión Mark Chisholm, sobrevivieron a la emboscada que también costó la vida a otros cuatro soldados sierraleoneses.

“Esa carretera a Masiaka es una locura. Habrá una desgracia”, me dijo Miguel unos días antes cuando le expliqué que intentamos avanzar por ella para conocer el paradero exacto de la guerrilla. Dos días antes de su muerte había tenido que convencerle de que se viniese a cenar con Ramón Lobo, Javier Espinosa y conmigo. Su obsesión por el trabajo y su búsqueda de la perfección periodística imposibilitaba que se tomase un pequeño descanso. Pero aquella noche hizo una excepción y posiblemente haya sido una de las cenas más divertidas y relajantes que recuerdo.

La última vez que le vi vivo fue a la mañana siguiente. Quería saber qué había pasado con unos cascos azules guineanos desaparecidos en tierra de nadie. Recuerdo que estaba un poco malhumorado porque se le habían pegado las sábanas. Me invitó a acompañarle, pero yo tenía otros planes. Dos años antes habíamos trabajado juntos en Kosovo, en el verano de 1998. Con Miguel me hubiese ido al fin del mundo.

Porque medía cada paso que daba, conocía los riesgos de un trabajo muy especializado en el que sobra vanidad y falta pasión y jamás hacía locuras. Porque siempre elegía la ruta más segura para llegar a un lugar aunque fuese la más larga. Porque llegaba el primero a un lugar conflictivo y se quedaba hasta que ya nadie le prestaba atención. Porque podía trabajar semanas y meses seguidos sin descansar un solo día.

Aunque la noche de aquella última cena se atrevió a confesar que llevaba demasiado tiempo yendo de un lugar a otro sin domicilio fijo “con mis cosas en casas prestadas de Barcelona, Londres y Abidjan”. Ya se planteaba frenarse un poco y buscar un lugar fijo de residencia. “Vente al Pirineo aragonés que es un lugar muy cómodo y relativamente barato para vivir”, le aconsejé.

Blog de Gervasio Sánchez

LOS PERIODISTAS. Elvira Lindo

Ojalá que los futuros periodistas se rebelen. Ojalá que a pesar de enfrentarse a un escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos atravesando. Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero sin hacer el mínimo esfuerzo. Ojalá que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar. Ojalá que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje convirtiéndoles en parte de su corte. Ojalá que entiendan que el mejor periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada. Ojalá que defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no eternos amateurs. Ojalá que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos. Ojalá que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista puede hacerlo. Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores, que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos hace falta información. Ojalá que haya una nueva generación batalladora que demuestre que el periodismo sigue vivo, que a lo mejor los que estamos un poco muertos somos nosotros.
Este artículo fué publicado por: ELPAIS.comhttp://www.elpais.com/articulo/ultima/Periodistas/elpepiult/20100519elpepiult_1/Tes

Frida Hartz habla de fotoperiodismo y el derecho a la imagen

Entrevista con Frida Hartz, fotógrafa con más de 20 años de experiencia, ex jefa de fotografía del periódico La Jornada y actualmente foto periodista independiente

Frida Hartz, habla de fotoperiodismo y del derecho a la imagen

PUBLICADO POR MARIO CAMPOS CORTÉS en

http://enteratehoy.blogspot.com/2008/07/frida-hartz-habla-de-fotoperiodismo-y.html

Fotografías para negar el negacionismo: James Balog, reportero de ‘National Geographic’, ha documentado el deshielo de 17 glaciares desde 2006 para demostrar los efectos del cambio climático.

James Balog estaba horrorizado. Nada lo había preparado para lo que vio; ni sus 30 años de experiencia como fotógrafo en revistas comoThe New Yorker, Life o Vanity Fair; ni sus premios World Press Photo en las categorías de ciencia y naturaleza; ni siquiera el hecho de haber sido el primer fotógrafo cuyas imágenes han sido utilizadas en los sellos de EEUU. El encargo de National GeographicThe New Yorker de viajar el Ártico para documentar el deshielo de los glaciares le impactó mucho más de lo que había esperado. “Me quedé impresionado de la cantidad de hielo que se estaba perdiendo y, además, porque ocurría a una velocidad increíble”, narra a Público el fotógrafo, cuyo trabajo en la zona se prolongó durante dos años. “No se trataba de un cambio a escala geológica que ocurre en un pasado que no conocemos ni en un futuro lejano”, continúa. “Estaba ocurriendo allí y ahora, en nuestra época. Y esa observación sobre el terreno fue el catalizador de Extreme Ice Survey (EIS)”.

James Balog estaba horrorizado. Nada lo había preparado para lo que vio; ni sus 30 años de experiencia como fotógrafo en revistas comoThe New Yorker, Life o Vanity Fair; ni sus premios World Press Photo en las categorías de ciencia y naturaleza; ni siquiera el hecho de haber sido el primer fotógrafo cuyas imágenes han sido utilizadas en los sellos de EEUU. El encargo de National GeographicThe New Yorker de viajar el Ártico para documentar el deshielo de los glaciares le impactó mucho más de lo que había esperado. “Me quedé impresionado de la cantidad de hielo que se estaba perdiendo y, además, porque ocurría a una velocidad increíble”, narra a Público el fotógrafo, cuyo trabajo en la zona se prolongó durante dos años. “No se trataba de un cambio a escala geológica que ocurre en un pasado que no conocemos ni en un futuro lejano”, continúa. “Estaba ocurriendo allí y ahora, en nuestra época. Y esa observación sobre el terreno fue el catalizador de Extreme Ice Survey (EIS)”.

Este proyecto, que podría traducirse como “medición extrema del hielo”, es obra del empeño personal de Balog, pero ha crecido también gracias al trabajo de decenas de científicos, ingenieros, fotógrafos y camarógrafos, y al apoyo de organismos como la NASA y de personalidades como Al Gore. La idea del proyecto es, primero, documentar los efectos del cambio climático de los que Balog ha sido testigo directo y, después, informar de esos efectos a los políticos y la opinión pública.

Balog, que también es licenciado en Geomorfología una rama de la Geología que estudia los cambios en el relieve de la Tierra pensó que la mejor manera de ahuyentar los argumentos escépticos y negacionistas era documentar el deshielo de los glaciares día a día, e incluso hora a hora. Y, además, debía hacerlo a escala planetaria. La razón es simple: “Los glaciares son el canario en la mina, la manifestación más visible del cambio climático”, dice.

Según el Sistema Mundial de Control de Glaciares de la Universidad de Zurich (WGMS, en sus siglas en inglés), que estudia 100.000 de ellos en todo el planeta, la pérdida media anual en su masa fue de medio metro en la década 1995-2006, el doble que la década anterior (1986-95), y cuatro veces más que entre 1976 y 1985. El WGMS alertaba en 2008 de que si los países contaminantes no cerraban un acuerdo de reducción de emisiones en la cumbre de Copenhague, de diciembre de 2009, “es posible que muchos glaciares desaparezcan a finales del siglo XXI“. Y en Copenhague no se cerró ningún acuerdo.

En todo el mundo

Balog y su equipo sabían que ningún dato impacta tanto a la opinión pública como una buena imagen y, por ello, en 2006 se lanzaron a diseñar e instalar más de 30 cámaras en 17 glaciares de todo el mundo, principalmente en Groenlandia, Islandia, Alaska y las Montañas Rocosas. Las cámaras disparan una fotografía cada hora durante el día, lo que supone unas 4.500 imágenes por dispositivo y año.

El trabajo de estas cámaras es la razón por la que el EIS utiliza el adjetivo “extremo” en su nombre. Según explica el equipo, las cámaras están diseñadas para aguantar lluvia, nieve, desprendimientos de roca, temperaturas de hasta -40ºC y vientos de más de 250 kilómetros por hora.

También es “extremo”, dicen, el trabajo que se necesita para asegurar el funcionamiento de las cámaras. Guiado por las recomendaciones de los expertos en glaciares, que analizan las condiciones meteorológicas de la zona y la dirección del posible deshielo, el equipo del EIS busca la mejor perspectiva para que la cámara capte cómo el glaciar se va deshaciendo. Algunos lugares son tan remotos, y las condiciones para acercarse a ellos tan complicadas, que los miembros del EIS deben viajar a caballo o con esquís para colocar las cámaras.

Una vez conseguidas las fotografías, empieza la segunda fase del trabajo del equipo del EIS: elbombardeo. Los expertos eligen las mejores fotografías y las distribuyen a agencias de prensa, medios de comunicación, museos, blogs y agentes sociales, como partidos políticos y ONG. “Ver es creer”, resume Balog. La mejor forma de demostrar el deshielo de los glaciares es, dice, mostrarlo. Las cámaras de EIS han sido testigo, por ejemplo, de cómo el Glaciar Columbia, en Alaska, perdía más de tres kilómetros de longitud en tres años.

Balog ha participado en una audiencia en el Congreso de EEUU sobre el deshielo de Groenladia, en una reunión de ministros de la UE y en presentaciones del premio Nobel Al Gore.

Su proyecto está financiado y promovido por entidades científicas como la NASA y la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, además de diversas entidades privadas. Pero, ¿qué puede hacer un fotógrafo para frenar el cambio climático que no hayan hecho ya los políticos? “No es el momento de captar hermosos y románticos paisajes. Como fotógrafos, podemos ser parte de la solución”, asegura.

Publicado en DIARIO PÚBLICO. Enlace

“Cuando llegaron los talibanes quemaron nuestro estudio de fotografía, pero no nuestros sueños”

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa os recomiendo este articulo de Ariadna Alvarado, publicado en Periodismo humano  articulo

“Este año, el mensaje dado por el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon recordó que “la libertad de expresión es la garantía fundamental que más se transgrede en diversas partes del mundo.”

En una ceremonia con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el Secretario General destacó que “el acceso a la información es un derecho de todos los individuos que debe ser respetado por los gobiernos y los grupos de poder”.

Ban señaló que “en 2009 fueron asesinados 77 periodistas, la mayoría de los cuales trabajaba en medios de comunicación locales en entornos de paz. No eran corresponsales de guerra y perdieron la vida por tratar de exponer comportamientos indebidos o corrupción.”

El Secretario General pidió justicia y respeto para estos periodistas, al igual que para los que son intimidados.

“La impunidad da rienda suelta a los criminales y los asesinos, y da poder a los que tienen algo que ocultar. A largo plazo, tiene un efecto corrosivo y corruptor en la sociedad entera”.
En este sentido, Ban destacó el derecho de los ciudadanos a la información que afecta su vida y subrayó que los Estados tienen el deber de proporcionarla. “Esa transparencia es indispensable para el buen gobierno”.

Afganistán

Afganistán no es la excepción. 

Afganistán, por ejemplo es un país donde los periodistas viven haciendo malabarismos cada día, arriesgando sus vidas para poder hacer bien su trabajo. El fotoperiodista afgano Fardin Waezi es uno de ellos.

Hoy como comunicadora, no sólo es mi día, sino que también es el día de cientos de periodistas y fotoperiodistas afganos que a diario arriesgan su vida para mostrar la realidad de su país. Hoy, puedo sentirme orgullosa de interactuar con ellos y llamarlos colegas.

Fardin forma parte de la primera oleada profesional de fotoperiodistas afganos. Empezó a dar clases en la primera escuela de Fotografía “Aina Photo”, enseñándole a estudiantes a como usar la antigua cámara de caja. 

“Yo supe que quería ser fotógrafo cuando trabajaba en el estudio de mi Padre en Kabul. Era un estudio de fotografía callejero. Bajo el régimen talibán,fui arrestado cinco veces por haber fotografiado crímenes, y por cortarme la barba”. Sin duda alguna, su experiencia y trayectoria en este campo, ha hecho que sea uno de los jóvenes fotógrafos mas prominentes del país.

“Cuando los talibanes tomaron el poder en Kabul, uno de los primeros grupos profesionales en sufrir fuimos los fotógrafos. Entraron al estudio de mi papá para quemar la cámara de caja de madera, que era el único recurso y sustento de vida. Afortunadamente, quemaron todo el estudio, pero no nuestros sueños, porque pude salvar la cámara, salvar nuestras ilusiones y el futuro de mi familia”…..

El articulo publica parte de un fotoreportaje que os recomiendo :

.Foto-Ensayo “Ojos Afganos”


“Fardin, además de trabajar para distintos medios afganos e internacionales, ha mostrado su trabajo en distintas partes del mundo. Participó dos veces en la exhibición de Photoquai en Paris, y recientemente fue invitado a realizar un foto-ensayo en el proyecto “All Roads Photo Project” de National Geographics. Además de trabajar como fotógrafo freelance, también forma parte del equipo de talentosos fotógrafos de la Unidad de Multimedia de las Naciones Unidas (UNAMA). 

Es así que quiero compartir con ustedes su mas reciente trabajo, como un homenaje y reconocimiento a los medios y periodistas de su país. El mundo está acostumbrado a ver Afganistán con los ojos de fotógrafos extranjeros, hoy le rindo homenaje a estos ojos afganos y a cómo nos muestra su realidad”

73 AÑOS DE ESPERA EN ARAGON, Gervasio Sánchez

Una digna exhumación tras 73 años de espera. Es lo que ocurrió el viernes en Cetina, una localidad aragonesa situada a 130 kilómetros de Zaragoza, donde fueron exhumados doce vecinos de Torrijo de la Cañada, fusilados en noviembre de 1936. La mayoría eran miembros de la Unión General de Trabajadores, algunos con cargos públicos en el ayuntamiento.

Un equipo formado por siete arqueólogos españoles, una antropóloga forense argentina y varios voluntarios de la Asociación por la Recuperación y la Investigación Contra el Olvido (A.R.I.C.O.)  trabajó durante una semana hasta conseguir recuperar los restos enterrados a más de metro y sesenta centímetros de profundidad.

La fosa de Cetina, a 130 kilómetros al sur de Zaragoza.                                                                                                                   Miercoles,  24 de marzo de 2010  Fotografía de Gervasio SánchezLa fosa de Cetina, a 130 kilómetros al sur de Zaragoza. Miercoles, 24 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Hace dos años A.R.I.C.O. se puso en contacto con algunos de los familiares con el objetivo de documentar los hechos. Gracias a una subvención de Vicepresidencia de Gobierno de 38.500 euros pudieron iniciar los trabajos de localización del lugar exacto donde se produjo el el entierro ilegal.

“Ese dinero ha servido para financiar el largo proceso de búsqueda. Tuvimos que alquilar un georadar que verificase si se había producido excavaciones o movimientos de tierra en el pasado, contratar al equipo arqueológico, buscar los alojamientos y ponernos en contacto con el laboratorio que se va a encargar de las identificaciones de los restos”, explica Santiago Carcas, presidente de A.R.I.C.O.

La exhumación ha sido posible gracias a una subvención del Estado                                                                                                                 Jueves, 25 de marzo de 2010  Fotografía de Gervasio SánchezLa exhumación ha sido posible gracias a una subvención del Estado Jueves, 25 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Después de la ejecución varios vecinos de Cetina fueron obligados a cavar la fosa. “Hay dos tipos de enterramientos: uno metódico como éste con los cuerpos alineados, boca arriba y tratados con respeto, realizado por personas ajenas a los crímenes; y un segundo tipo en el que fueron arrojados al fondo de la fosa de cualquier manera y aparecen superpuestos. Cuando los verdugos estaban presentes se solían producir inhumaciones muy bárbaras”, explica el arqueólogo César Regalado, que ha trabajado en media docena de fosas relacionadas con nuestra guerra.

Por suerte el dueño de la finca nunca se opuso a la exhumación y ayudó a rastrear el lugar. “Tú a labrar como sino hubiera pasado nada”, fue la orden que recibió un antepasado del dueño actual cuando preguntó a las autoridades locales. El terreno, situado a 300 metros en línea recta de la autovía que se dirige a Madrid, no ha dejado de dar cosechas desde entonces,

Antonio Cortés, de 50 años, es uno de los voluntarios que ha acudido cada día a ayudar en la excavación. “Mi padre Francisco Cortés fue obligado a cavar la fosa cuando tenía 15 años. Desde pequeño siempre me dijo que aquí habían enterradas doce personas, una cifra que coincide con el número encontrado”, explica Antonio, partidario de exhumar todas las fosas que hay en Aragón y en el resto de España.

El voluntario Antonio Cortés paricipa en los trabajos de exhumación                                                    Jueves, 25 de marzo de 2010   Fotografía de Gervasio SánchezEl voluntario Antonio Cortés paricipa en los trabajos de exhumaciónJueves, 25 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Durante la semana que ha durado la exhumación no se ha presentado ninguna autoridad autonómica. “El gobierno de Aragón no es partidario de exhumar. Sólo quiere poner monolitos recordatorios. Me temo que esta va a ser la última exhumación porque existe un desinterés generalizado”, dice con amargura Santiago Carcas.

Domingo Pacheco, alcalde de Torrijo de la Cañada, afirma que la exhumación no ha provocado ninguna polémica en el pueblo. “Es verdad que algunos piensan que se deberían quedar aquí. El ayuntamiento ha cedido a las familias un terreno en el cementerio para que puedan enterrar los restos al acabar el proceso de identificación”, aclara mientras sigue con interés el trabajo de los arqueólogos. Serán los primeros 12 fusilados que regresen al pueblo de los 33 que hubo entre el 14 de septiembre y el 30 de diciembre de 1936.

María Luisa Martínez Cid no deja de mirar los restos alineados con un orden exquisito. Como si buscase alguna señal que le permitiese reconocer a su tío Antonio Cid, fusilado con 30 años. “Desde que abrí los ojos recuerdo a mi tía y a mi madre de luto. Estoy feliz porque los hemos encontrado. Hemos decidido enterrarlos juntos. Es lo lógico después de 73 años compartiendo la misma fosa”, declara emocionada.

Esther Ripoll, arqueóloga residente en Zaragoza, trabaja por primera vez en un fosa de fusilados. “En una exhumación romana o visigoda todo es más lento y frío porque lógicamente las familias directas no están presentes”, comenta la joven que ha participado en media docena de excavaciones muy antiguas.

Los restos empacados de los doce fusilados                                                                         Viernes, 26 de marzo de 2010      Fotografía de Gervasio SánchezLos restos empacados de los doce fusilados Viernes, 26 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

La arqueóloga cordobesa Azahara Martínez afirma que es muy emotivo “sentir el abrazo de los familiares” y considera que trabajar en una fosa “es como viajar en el tiempo”.

La argentina Amelia Barreiro asegura que “el dolor de los familiares es similar en todas partes por muy diferentes que sean los contextos o las culturas”. Cuando en Argentina se topaba con víctimas de su misma edad pensaba que ella “podría haber acabado de la misma manera si hubiera vivido los años más turbulentos de la historia de su país. “Es como si te exhumases a ti misma”, confiesa.

Antes de recoger los restos José Antonio Cid, portavoz de los familiares, dirige unas palabras a los presentes: “Vamos a reparar una deuda histórica y vamos a devolverlos a su pueblo natal. Por fin van a descansar en paz”.

Javier Ortiz, jefe del equipo de arqueólogos, explica que todos tienen impacto de bala en la cabeza y que se han encontrado casquillos de proyectiles utilizados en aquella época en la zona removida. Es  muy probable que fueran ejecutados a unas decenas de metros.

Los restos encontrados pertenecen a personas cuyas edades varían entre los 22 años y los 64 años. “Cetina es muy simbólica porque se trata de mi última fosa. Ya es tiempo de descansar después de nueve años consecutivos trabajando en sesenta fosas a lo largo de todo el país”, agrega al final de su alegato.

En apenas tres horas el equipo exhumador saca los 12 cuerpos hueso a hueso, los envuelven en papel de periódico y los embalan en cajas individuales de cartón que numeran según el orden de enterramiento.

La fosa vacía al finalizar los trabajos de exhumación                                                         Viernes, 26 de marzo de 2010    Fotografía de Gervasio SánchezLa fosa vacía al finalizar los trabajos de exhumación Viernes, 26 de marzo de 2010 Fotografía de Gervasio Sánchez

Serán llevados al laboratorio Palaolab de Valencia donde serán analizados durante dos semanas. Tres centímetros de fémur y dos molares de cada uno serán suficientes  para extraer el ADN y  cotejar los resultados con las muestras sanguíneas de los familiares.

Los restos serán guardados provisionalmente en un nicho del cementerio de Cetina hasta que se puedan realizar la inhumación definitiva en el mismo pueblo del que salieron vivos hace 73 años.

Esta noticia fue escrita el Lunes, Marzo 29th, 2010 a las 6:00 am.